Javier Rubert: "Quien pretenda juzgarme, que ande un rato con mis zapatos".

Pasándolo bien.

     Aunque sea evidente, os tengo que decir que Javier Rubert fue niño. De hecho, aún lo es. En sexto de EGB se conocía todas las asignaturas de carrerilla. No en vano, hizo 3 años ese mismo curso. Se hizo con un Velosólex y una novia, todo ello a medias con un colega. Con tales mimbres, tenían todas las opciones para ser los reyes del mambo, y lo de estudiar no terminaba de ir con ellos. El trato era llevarse la Velosólex o la novia; ambas cosas a la vez, no.

     La chavala, que tenía dos novios, había veces que se quedaba sola, porque Javier y su colega se iban con el Velosólex tras llenar el depósito, aboquinando 13 pesetas por litro de gasolina.

Javier Rubert: 

Tú que estás más centrado que yo, crees que procede poner esto en un blog de bicis y eso? Yo lo que tú digas.

Joaquín Casis:

No lo sé, Javier. Yo tengo esquizofrenia y alcoholismo. No creo que mi criterio sea muy relevante, pero lo voy a poner.

     Javier Rubert perdió su padre cuando tenía 3 años, y su madre falleció teniendo él 13. Le criaron sus hermanos. Hasta los 18 estuvo percibiendo una pensión de orfandad, y al cumplir esa edad, su hermana le dijo que para lo que le quedaba para ir a la Mili, no le compensaba ponerse a trabajar. Javier no lo dudó un momento y siguió dicho consejo.

Javier, el jefe de la banda, cubata en mano.

     Así que el jefe de la banda que podemos ver en la foto, un escapado de las aulas y del currelo, se licenció en la Universidad de la calle. Muchos chavalitos -dice- ponen eso en su perfil. Lo cierto es que Javier está doctorado cum laude. En 1981 fue a cumplir el Servicio Militar, y a la vuelta, todos sus colegas estaban enganchados a la heroína. Hoy casi todos están muertos, incluída su chica por aquel entonces. La calle era como la selva en aquellos albores de los 80.

     Javier, que consideró que no podía fallar a sus hermanos, no probó la heroína.

Javier Rubert:

"Cuando alguien me dice que no me gaste tanto dinero en bicis o que me controle, pienso: ¿tú qué sabes lo que es ir descontrolado?"

     Los amigos de Javier y él se habían criado juntos. Habían pillado sus primeras borracheras y perritos. Vivían una fiesta permanente. Un colega que curraba en una farmacia sacaba dexidrinas para toda la peña, y veían cómo amanecía en la playa muchísimas veces. La keli de los abuelos de su chavala, que vivían con sus padres, era su refugio para reunirse, y dormir las resacas, y probar el LSD. Todo era bonito, pero se pasó de rosca.

     Al volver de la Mili, Javier se puso a trabajar en el pub de su hermano. Le tocó cambiar de amistades, y volvió a engancharse a la juerga, un poco más light.

Javier Rubert:

"Mis amigos decayeron tan deprisa que ya les daba vergüenza que yo les viera."

     Mientras Javier andaba con "gente pija", como les llamaban sus colegas de toda la vida, éstos desvalijaban coches y casas para llevar su vicio adelante. Su ex iba al pub a pedirle dinero para quitar los monazos, y Javier se lo daba, pero decayeron tan deprisa que les daba vergüenza que los viera. Eso supuso una vivencia muy dura para Javier: ver a sus amigos cómo se iban degradando a la carrera. No había información en aquella época, y algunos lo pagaron con su vida.

     Todos le debían dinero a Javier, pero él les decía que se lo regalaba, pero que no se escondieran al verle, que no le debían nada. Hace 6 meses que murió uno de ellos pero -me explica Javier- te tienes que poner una coraza y tirar hacia adelante .

     En el pub Javier tuvo la oportunidad de conocer otro tipo de gente, y tuvo la posibilidad de salir adelante, y seguir siendo el vividor que siempre ha sido, incluído hoy día, como él mismo reconoce.

     Hasta los 30 años no empezó a cotizar. La empresa en la que trabajaba quebró. Buscaron un abogado que les pidió la vida laboral, y éste le llamó diciéndole que se habían equivocado,que sólo figuraban 3 años cotizados. El letrado se sorprendió cuando Javier le dijo que era correcto.

     Javier tiene muchas anécdotas para narrarnos. Una de ellas es que un día apareció en el bar en que en ese momento estaba él un colega suyo, en pijama, y detrás un tío muy enfadado. Era el taxista que le había llevado, que quería cobrar. Su amigo le había pagado con papeles de fumar, creyendo que eran billetes, y le tocó aflojar la pasta de la carrera al bueno de Javier.

     Después vendría lo de las bicis, pero eso ya es otra historia...