Diego Ochoa: vida interior intricada en el corazón de la ciudad

     Ilegales decían en una canción que como se crece bien es con una bomba bajo la almohada. Así, contradictoria, es la existencia en la ciudad. Buen sitio para encontrarse con uno mismo en un enjambre de edificios con ventanas cerradas por persianas que esconden historias loables e inconfesables que se entremezclan. Calles mojadas, luces de neón, humo de tubos de escape de coches, sentimientos que colisionan contra muros físicos o imaginarios. Quizás el mejor sitio para encontrarse con uno mismo, reivindicar la individualidad y reinventarse con  influencias que fluyen rápido como una avenida salpicada de luces verdes, o calan lentamente como la luz mortecina del último bar; que produce subidones como el beso de aquella chica en su portal o hace a uno recordar el áspero sabor del último trago, mientras, maldiciéndolo, uno intenta justificar todos los anteriores.

     De la huella que el vendaval de las tormentas interiores dejó en la ciudad hace Diego Ochoa arte. No necesita pertrecharse de una cámara fotográfica. Lleva en su bolsillo trocitos de su vida y de quienes pueblan la ciudad; su móvil recoge instantes fugaces que pasan a ser algo más que una composición hecha de x megapíxeles: es el sentimiento propio reflejado en una imagen captada en el momento preciso que, como la propia esencia brillando en la última botella consumida, expresa mil emociones contenidas o a las que se da rienda suelta.

     Arte implica compromiso y visión propia en un determinado entorno y época histórica. Estas premisas las plasma Diego en su obra. Fotografía y customización de bicicletas son los vehículos para llegar a ese fondo. Cuando entrevista a alguien en Elliot Iron está viendo más allá de un transmisor de datos técnicos sobre tal o cual bici: observa a la persona que tiene delante o a muchos kilómetros, gracias a la tecnología, y extrae lo que aporta en la vida de aquélla su historia con las bicis. Diego huye de difundir Historia con mayúsculas para bucear en los entresijos del pensamiento y sentimiento de la persona, con la bicicleta como excusa o como fin, según se mire.

      Miembro muy participativo de Bicis Chopper, y ajeno a críticas que les tachan de elitistas en el sentido de que "no dan bola" a otras opciones distintas a las suyas, Diego me explica que en su club se acepta de igual manera a quien está empezando en la customización como a un customizador consagrado. Diego es muy crítico con el trabajo de los demás porque quiere sacar lo mejor de cada uno. Huye de cualquier tipo de complacencia para poner en evidencia defectos que hagan crecer al destinatario de esas críticas. Del mismo modo, el nivel de autocrítica de este riojano de 41 años es muy alto y, de igual manera que no es fácil ser parte de una saga, por ejemplo, tampoco lo es en ocasiones pertenecer a Bici Chopper. Se les ha criticado que los premios en los concursos organizados por ellos suelen recaer con frecuencia en miembros del Club. Lo cierto es que la pertenencia al grupo, según Diego, les perjudica más que beneficiarles, ya que se les mira "con lupa". De hecho, no está de acuerdo en que esa tendencia a acaparar los premios entre pertenecientes al club, y, para evitar polémicas, en ocasiones hay miembros con mucha confianza en la obtención de galardones que renuncian a presentarse a los concursos. Por otra parte, la forma de elegir a los ganadores es mediante votación popular.

     Al hablar de Bicis Chopper, Diego no utiliza la palabra club, sino que se refiere a familia. Pueden encontrarse sus miembros y no coincidir en muchas cosas, ser portadores de una forma de ver el mundo radicalmente distinta, pero hay un vínculo indisoluble: una cultura custom que les puede hacer estar horas y horas hablando; días, o el tiempo que haga falta, con historias de bicis, ciudad, desguaces y gasolineras.

     Club Bicis Chopper -me explica Diego Ochoa-, empezó gracias a la iniciativa de Paco, Edu y Mike. Fueron pioneros en dar a conocer el custom, su cultura y todo lo que lleva aparejado, en España a través de un blog. Esto ocurría en 2007. El mundo Chopper en España les debe el haber abierto esa puerta. Las actividades de Bicis Chopper giran alrededor de la idea de promover la cultura Chopper. Así, han organizado cientos de eventos en todas las zonas del territorio nacional. Llevar a cabo la organización de los mismos -me dice Diego- es más difícil de lo que parece. Hay gente reacia a desplazarse cuando se trata de una concentración de bicis "ad hoc". Sin embargo, sumándose a otros eventos, como los organizados con la motocicleta y la cultura Chopper como temática, por ejemplo, la asistencia se incrementa notablemente. Últimamente, las cosas van sobre ruedas, -nunca mejor dicho-, y es que están siendo invitados a múltiples actividades relacionados con esta cultura, que -reivindica Diego-, es parte de la Cultura con mayúsculas. Bicis Chopper pone empeño en divulgar que hay bicis diferentes, que aportan una satisfacción añadida a pasear con ellas: la creada por ser la propia bicicleta de cada uno: una unidad pensada, planeada, dibujada y construida por uno mismo con sus medios.

     De igual modo, Diego Ochoa cuenta con sus propios medios, la cámara de su teléfono móvil, su ciudad y una mirada personal de su conjunto y de cada rincón céntrico o apartado de la urbe. La cultura urbana es el objetivo de sus fotos. No hay una separación fotógrafo-paisaje urbano. Diego se implica y se siente parte del arte urbano; de lo más sublime y de lo que la ciudad tiene de derrota y frustración. Le atraen bicis, coches y motos a la hora de dirigir la cámara de su móvil. Busca ese emplazamiento perfecto no porque lo sea técnicamente; simplemente, porque expresa lo que él siente, produciéndose una simbiosis paisaje urbano-individuo en la que a veces Diego tiene la suerte de encontrarse y de cuya trampa en ocasiones no puede escapar.

     El año pasado Diego, junto con otros miembros de Bicis Chopper, como Javier Rubert o Abel, hicieron una ruta por Francia, alojándose en campings. Recorrieron una media de 60 kilómetros al día, con actividades lúdicas tipo gymkana que resultaron muy divertidas.

     Diego es poco dado a vender sus creaciones, sino que le gusta que éstas formen parte de su colección. En las ocasiones en que ha vendido alguna unidad, el perfil del comprador ha sido muy variopinto, sin un patrón definido. Este riojano lleva a cabo todo el proceso de customización de sus creaciones, por lo general, si bien su cuñado, propietario de un taller de soldadura en la capital riojana, le ayuda a la hora de soldar bicis de aluminio, por ejemplo.

     La sección fija que Diego tiene en Elliot Iron no la considera privativa suya, en el sentido que es un espacio para todo el mundo interesado en el custom. Se trata de servir de eco y modo de expresión a las distintas voces -tantas como individuos- que hay en dicha cultura. Hay quien considera a Diego un borde. Como he dicho antes, intenta sacar lo mejor de cada uno, y decir las cosas con tacto no es su fuerte, ni lo pretende. Si te tiene que decir "esto es una chapuza", así te lo va a expresar. Pero como hay que predicar con el ejemplo, Diego critica su propio trabajo, llegando a niveles de autoexigencia muy elevados.

     Decíamos que Diego indaga en lo que aporta en la vida de la persona su historia con las bicis. A él, concretamente, le aporta una paz y evasión inmensas. Cuando pasea a bordo de una bici y escucha Rock and Roll se evade de todo. Es un espacio de encuentro consigo mismo. El R&R, su bicicleta y el entorno se alían para hacer sentir a Diego que está vivo, que siente cada latido de su corazón al ritmo de pedaladas, climatología y música. Le estoy imaginando bajo la lluvia escuchando "Highway to Hell" o con un sol radiante al ritmo de "Stairway to Heaven", o viceversa, quién sabe: todo tiene sentido cuando paisaje, bici y canciones parecen explicar la perfecta y simbiótica relación del hombre con su entorno.

     Bicis, dibujo, pintura, escritura,... son parte de la cultura custom, como lo es compartir conversación entre dos o más expulsados de la rutina y contagiados de esta forma de ver el mundo. Compartir la última lata de cerveza, el último cigarro sabiendo que el bar abrirá dentro de tres horas, perder horas de sueño por arañar tiempo a la noche ante el deleite por una conversación también son parte de esta cultura en la que sus miembros, nos explica Diego, son una familia.

     Cualquier detalle puede ser importante. Un artículo con faltas de ortografía no invita a seguir leyéndolo. De la misma manera, los detalles hacen la bicicleta, según Diego. Se trata de cosas que, lejos de pasar desapercibidas, realzan y dan sentido al conjunto. A modo de ejemplo, Diego cita los tapones de válvulas creados por Aníbal García.

      En 2008, en una gasolinera de algún lugar de Cantabria, algo llamó la atención de Diego. Se trataba de una bici customizada. Indagó sobre esta forma de vida, como él la considera, y encontró el foro de Bicis Chopper. Nuestro protagonista podría recorrer España durmiendo en casa de amigos unidos por esta forma de entender el mundo, del mismo modo que él tiene abiertas las puerta de su casa para sus amigos.

     A la respuesta de quién fue el precursor de todo esto, Diego no tiene dudas: John Brain, con quien se puede hablar de bicis o de cualquier cosa y siempre tiene algo nuevo que enseñar. Diego destaca sabiduría y accesibilidad como aspectos a destacar en la personalidad de John.

     Pregunto a Diego acerca de qué unidad de su colección es especial y por qué motivo, me cita una Fire Bikes Sam Makay. Si conocéis la marca, la segunda pregunta será obvia. Como si fuera un Rolls Royce, es cuidada y mimada por su dueño.

     Diego es más aficionado a motos que a coches, aunque los Hot Road llaman muy poderosamente su atención, de forma acorde a su modo de entender el concepto de vehículo, ya sea de dos o de cuatro ruedas.

     De forma casi casual, Diego encontró el complemento perfecto a sus fotografías: el leonés Joni Ciento Once Garage escribe reflexiones que recogen el punto de vista del fotógrafo al captar la imagen, o bien aportan otro distinto, pero siempre acertado y con un mensaje profundo. Diego y Joni no se conocen en persona, pero el custom y el destino han jugado a favor de ambos.

     De crío, nuestro protagonista tuvo una bicicross. En un salto se le partió por la mitad, y, al suponer un dispendio excesivo el hecho de comprar otra unidad, debido a la escasez de medios en su familia, su padre le soldó aquella bicicleta hecha dos trozos. Diego no olvida aquel gesto, y en reconocimiento al mismo, que sólo es una imagen simbólica del amor de un padre hacia su hijo -sea o no dado a manifestarlo- bautizó a la primera bici que customizó con el nombre de V8A. Es un homenaje a su padre expresando su inicial y apellido (Ventura Ochoa), a la vez que una denominación para un modelo "que pega".

     Diego se despide invitando a todo el mundo a que acuda a los eventos de Bicis Choppeer, y agradece a toda la familia de Bicis Chopper -ya que para él, los vínculos traspasan el compartir una afición para crear consistentes lazos emocionales- el apoyo que le dan. No olvida, asimismo, agradecer la oportunidad que le brinda Elliot Iron para acercar la cultura Custom a todo el mundo y para dar a conocer las voces representativas de esta cultura. Diego ni se pierde ni nos hace perdernos en tecnicismos: sus escritos, como la cámara de su móvil o sus bicicletas, tienen vida; poseen también técnica, pero es la obra la que habla de ella; él obvia ese tipo de referencias. Juzgad por las fotos, pero cuidado: puede que se ponga borde. Es parte del pack. Tratar de sacar lo mejor destacando qué es lo peor de cada uno es su forma de motivar.

"El camino hacia ti y, en los dos extremos, el abismo: el jodido abismo que desde que somos uno nos separa".

"Grandes son aquellos que a pesar de ser juzgados por quienes son, no cambian para complacer a nadie..." (Texto: Joni ciento once garage). Fire Bike by Sam Makay.

"Nos vemos en la carretera".

"¿Rara? Soy exactamente igual a como tú serías si fueras yo."

"Mi garaje, mi mundo".

"Sabía que vendrías".

"Daría cualquier cosa que no fuera mi moto por darme la vuelta y verte contemplando lo que escribo, con aquel tatuaje que te hice aquella noche".

"Yo sólo estoy aquí con mi bici y mi revista. A lo mejor el cabrón eres tú".

"Creías que me jodías llevándote mi Porsche. Te olvidaste de arrebatarme lo mejor: bici, amigos y custom".

"No me atraparás en tu maldito garaje".

"Regreso al lugar donde me dijiste se acabó. Seguiré aquí sin mover una biela, apoyada en la misma columna. Cuando vuelvas, todo será de nuevo como ayer".

"Antes de criticarme, piensa que algún día puede que tengas la suerte de parecerte a mí".

"Te dije que no me movería".

"Tengo cierta edad y si me enfado me sienta tan mal que puedo echar fuego por la boca".

"Un momento: ¿no eras tú la que me criticaba?"