La ecuación de Rubén Martínez: restauraciones de 10 que empezaron con una X2

     Lasarte, 1983. Un niño regresa del colegio. Tiene 9 años. Su mirada viva recorre cada fachada; cada coche aparcado; cada señal de tráfico; observa a los viandantes; los escaparates también. Pero... uno de ellos exhibe un producto que no tenía "fichado". No es cualquier cosa. Lee las calcas de la bicicleta. "California X2", se dice... Ahora sabe que su sueño está fabricado por BH. De camino a casa nada es igual. Todo luce con un brillo especial. "Algún día conseguiré esa bici", murmulla. Llega el día siguiente. Rubén recorre las calles camino del colegio con ansiedad. La bici sigue allí, colgada en el escaparate de la tienda. "¿Seré yo quien la consiga o tal vez no?", se pregunta. Así, un día y otro día. La California X2 no encuentra dueño. Rubén fantasea con que la bici desciende de su localización actual para llegar a sus manos. Ha hecho caballitos, saltos y derrapes con la imaginación mil veces. Conoce cada recobeco de la bici porque ocupa gran parte de sus pensamientos.

     Rubén procede de una familia en la que son cuatro hermanos, y la situación no se prestaba a ver materializados muchos caprichos. Heredó de un primo suyo una bicicleta con bastantes años. Los chavales de la edad de Rubén empezaban a tener Motorettas, Californias, Bicicross BH, etc, y los padres de este lasartearra le vieron tan ilusionado con la bicicleta que decidieron motivarle para ahorrar y así ver su sueño hecho realidad. Durante un año, la paga iba íntegra a una hucha -"no probé ni una gominola"- me dice Rubén. En Reyes y en su cumpleaños, dicha hucha fue el destino del dinero que le regalaron. Así, en un año, se hizo con 10.000 pesetas. Un sábado a la mañana, el padre de Rubén preguntó a éste cuánto dinero había en la hucha. Tras contar las monedas y billetes con ansiedad, como previendo la causa de la curiosidad de su padre, resultó que la cantidad rondaba las 10.000 pesetas, como hemos dicho. Aún faltaban 3.000 pesetas para completar el PVP, que ascendía a 13.000 pesetas. Rubén vio el cielo abierto cuando su padre le dijo que él pondría el resto hasta llegar a la cantidad total.

     La entrada al establecimiento, la maniobra de descolgar la bici por parte del tendero, el padre de Rubén pagando el importe, el depósito de la bici en el suelo por parte del dueño de la tienda... fue todo un ritual que nuestro protagonista siguió con atención, y hoy queda en su retina como un gran día, en el que el sueño que se había iniciado volviendo cierta tarde del colegio hacía un año, se tornaba real. Tanto tiempo sin chuches había merecido la pena.

     Pero no sólo privaciones de pipas, regalices, chuches y tebeos supuso para Rubén la bicicleta de sus sueños: junto con su amigo Luis Mari, no pocas veces llegaba tarde a las clases vespertinas. Llegaban las 3 del Mediodía, hora de inicio de las actividades escolares, y estos dos gamberretes que hoy son hombres hechos y derechos tenían sus narices pegadas al escaparate de Ciclos Gargi, con los consecuentes castigos que los novillos llevaban aparejados. Había otra tienda de bicicletas -Jadeso- que estaba en territorio de acceso restringido por la Autoridad competente (sus aitas), ya que se encontraba en el otro extremo del pueblo. En Jadeso hizo realidad su sueño de adquirir la X2 Rubén. Nuestro protagonista no me ha contado todo esto, pero yo lo sé de buena tinta.

     Rubén anduvo recorriendo con su X2 las calles de Lasarte en un principio. Después, llevaría la bici a la localidad burgalesa de Quintanilla del Agua. Allí andaba con ella los veranos, hasta que, al ir cumpliendo años nuestro protagonista, la bici acabó arrinconada en un lugar de la casa del pueblo.

     Rubén estuvo años dándole vueltas a la posibilidad de darle un repaso a su vieja X2. Es pintor de coches, y creía que la bici lo merecía, por el cariño que le tenía, sin saber del mundillo y la afición que hay detrás de este tipo de bicis. A su amigo Luis Mari Carballo, quien nos cuenta su experiencia en otro post, le gustó la idea. Llevaron la bici a Lasarte; la restauraron, y Luis Mari enseguida adquirió un par de BH California que pronto se dedicaron a restaurar.

     La cosa no había hecho sino empezar: Rubén cogió un par de bicis más, que no tardaron en ser restauradas por este tándem de lasartearras. A un sobrino de Rubén le encantaron estas bicicletas, y, comoquiera que prentendía que Rubén le regalara su X2, con la que nuestro protagonista había hecho una réplica de X5, Rubén compró otra California, a la reconvirtió en réplica de X5, también, para regalársela.

     En Quintanilla del Agua, Txomin -un amigo de Bilbao que conocía desde crío de los veranos- le regaló a Rubén una Bicicross BH que estaba en mal estado, pero como era de su amigo y le traía recuerdos, Rubén la restauró.

     Cada vez que se juntan Rubén y Luis Mari, preparan una 5 ó 6 bicis. La mayoría son de Luis Mari. Ayer mismo, me explica Rubén, esturvieron lijando y preparando seis cuadros. Rubén y Luis Mari restauran para ellos; las bicicletas se quedan en sus casas. No se lo plantean como negocio, si bien no les importa restaurar alguna bici por encargo.

     Rubén y Luis Mari son amigos desde que tenían 4 años. Sus gustos y aficiones han ido transcurriendo de forma pareja: de pequeños jugaban en el equipo de fútbol de su colegio; después pasarían a la época de las bicis, llegarían las discotecas, empezarían a salir con chicas, y se movían en los mismos ambientes. En la actualidad también comparten la pasión por las motos, junto con otros siete amigos. Todos los años acuden a algún Gran Premio, como el de Alcañiz o el de Montmeló.

      Rubén vive en un barrio de Lasarte, y para acudir a casa de sus padres a comer los sábados o domingos o a tomar un vermut los domingos por la mañana, por no ir andando, va en una de sus bicis. Al principio le daba un poco de corte, ir con sus años -que no son tantos- en una bici que no le parecía acorde a su edad, pero se ha encontrado con que a la gente le suelen gustar estas bicis, y muchos las recuerdan de hace años, cuando tuvieron una parecida, en muchos casos.

     Rubén está en varios grupos de facebook, y contacta con la gente a menudo. En algunos casos, les preguntan por si tienen tal o cuál pieza.

     Rubén es sobre todo el encargado de lo relacionado con la pintura, aunque Luis Mari también colabora lijando cuadros. Éste monta y desmonta las bicis. Forman un gran equipo en el que ambos miembros son indispensables: uno sin el otro, no tendría la posibilidad de llevar a cabo las restauraciones.

     

Rubén (al fondo) y Luis Mari, preparando cuadros para pintar.

Cabina de pintura, de Juanjo (Zubieta motor), quien cede las instalaciones a Rubén y Luis Mari.

La querida X2 de Rubén reconvertida en X5.

La Bicicross BH de Txomin, antes de ser restaurada.

La bicicross de Txomin, tras pasar por las manos de Rubén.

Los resultados de las restauraciones son de 10.

A Rubén le apasionan las BMX.

Una preciosa unidad, propiedad de Rubén.